El color importa
Dani Caño

Nací en un mundo analógico. Nací en emulsión y en suspensión química. Nací en rollo, en película, en imagen, en cine. Y en psicología del color.

Cuando el color no era ni unos ni ceros

Echo la vista atrás y me doy cuenta que empiezo a tener ya una edad. En mi juventud (y plena efervescencia enfermiza por el estudio del color) tan importante era la composición y técnica como su significado y la representación psicológica y emocional que ejercía en el espectador. Al igual que ahora, nos obsesionaba la obtención de una gama cromática fiel

Pero… he aquí un pensamiento polémico para la reflexión, hoy en día a los profesionales dedicados a la creación de imágenes nos puede más la búsqueda de la espectacularidad (el postureo) que utilizar la luz y el color simplemente como canal transmisor y potenciador de mensajes e ideas. Tal vez esta actitud sea fruto de la acelerada inmediatez y el incesante bombardeo visual del mundo moderno; este que ha acostumbrado al espectador al “todo vale”. En color, no todo vale.

Semiótica y simbología

Salvo contadas excepciones, nos limitamos al “wow!”. Excusas, todas las que queramos. Y todas ellas más que justificadas. Pero a veces simplemente fantaseo e imagino cuán bonito sería disponer del tiempo suficiente (que sí teníamos antaño) para pensar y cuestionar el porqué de “esa luz”, si ese color y no otro es el idóneo, si es el que mejor representa la identidad del personaje, el producto, la acción, la escena, etc.

Si empezáis a palidecer, que nadie se asuste. Esto no es una clase magistral de semiótica de la imagen, simbología cromática o similar. Aunque debo reconocer que de vez en cuando dar un repaso a según qué conceptos –no sólo los citados– nos iría a todos más que bien. No. Tan sólo he buscado una excusa cualquiera, quizás de lo más barata, para invitaros a ver la que, para mí, es una de las mejores secuencias del cine mundial de todos los tiempos.

Eso sí, para que no se note mucho el engaño y por aquello de hacer del conjunto del escrito algo no sólo distraído sino también un poco más serio, adjunto un esquema con alguna que otra observación. Un mapa del tesoro estilo Indiana Jones. Por si a alguien, tanto o más freak que quien esto escribe, le da por sumarse a la secta de los que opinamos que a través del estudio de la luz y su simbología se puede llegar a gritar bien fuerte ¡el color importa!

 

El esquema

Ahora, os aclaro el esquema:

En el fondo, en su esencia más básica, la película narra la dualidad del ser, la eterna batalla entre el bien y el mal, la luz y la vida versus la oscuridad y la muerte. Todo ello está representado por aquel que, tras su abnegado fervor a Dios, dejó de creer. Es un anticristo, un ángel caído. Es Drácula.

Empieza la secuencia con una neblina verde introduciéndose en la habitación. Es de un verde ofídico y reptil. Representa la piel del animal, la bestia salvaje que serpentea hasta la cama y penetra en las sábanas. Y allí se transforma para poder presentarse en su forma humana.

El dormitorio está iluminado principalmente por lámparas de mesilla que emiten luz anaranjada. Representan lo terrenal. Desde el techo (algo totalmente ilógico e irreal si tenemos en cuenta la época en la que sucede la historia) desciende una luz blanca dorada, en clara representación de Dios que (supuestamente) nos observa y protege. Finalmente, entre el cielo y la tierra, la transición: lámparas de pared a media altura de luz aturquesada.

Drácula no sólo viste de negro sino que su actuación y posición corporal transcurre en todo momento de espaldas al “creador”; de ahí que la luz siempre le ilumine de contra. 

Mina (la amante de Drácula) va vestida de blanco porque esta es la secuencia de su transición. Al principio la vemos a la izquierda de la cámara, con su cuerpo mirando hacia la derecha, formando parte de la misma luz que desciende del cielo. Pero un suave “baile” (así se mueven sus cuerpos) acaba llevándola a los brazos de su amado, que se encuentra a la derecha de la escena, en la zona de sombras, de noche, en la oscuridad. No en vano, Drácula se interpone entre ella y la luz divina.

El cándido blanco del camisón de Mina pierde su luz mientras ella, con los labios inflamados en rojo sangre (y ante las dudas de Drácula) le insiste en que la lleve a su mundo de noche y sombras con la frase “Take me away from all this death” (Aléjame de toda esta muerte).

Finalmente, un detalle curioso. El pelo canoso de Jonathan, el prometido de Mina, es de color gris y simboliza su pasividad y ausencia de energía. En realidad… ¡él es quien está más muerto!

Para quien no lo haya adivinado todavía, la película es Bram Stoker’s Dracula de Francis Ford Coppola (1992).

Epílogo

Una posdata rápida, sólo apta para lunáticos inscritos al club. Seguramente no se filmó el plano bajo este pretexto, qui le sait, pero si tenemos en cuenta quién es Drácula, ¿no os parece curioso que su pezón y esos cuatro pelos que lo rodean recuerden al sol? Y todavía más interesante: se corta y emana sangre negra, de muerte, justo en el lado opuesto a la luz.

Ahí lo dejo…

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