Branding. Esa palabra extraña que algunas empresas todavía no acaban de encajar en sus planes de negocio. Detrás de ella aguardan un conjunto de estrategias destinadas a consolidar una marca en el mercado, a dotarla de significado, a convertirla en competitiva, a triunfar. El branding sirve para que tu compañía, grande o pequeña, familiar o anónima, global o local, de servicios o de productos, tenga personalidad y se sienta confortable consigo misma.

Ser auténtico

Puede que tu core business sean las tuercas. O los tarros de mermelada. O servicios de consultoría financiera. Da igual. Tienes un negocio y estás en un mercado, así que necesitas que el consumidor (el cliente, el usuario) se fije en ti. Los mercados son personas. ¿Te fijarías en una persona que es igual a otra? No solo en el aspecto físico, sino en su personalidad. (Incluso los gemelos tienen personalidades bien diferenciadas). No se puede destacar sin atributos propios. Primer truco del branding: sé original, sé tú.

Prestarse atención

Por otro lado, ¿te fijarías en una persona descuidada? (descuidada en su aspecto y en sus formas). Bueno, quizás sí te fijarías picado por la curiosidad, el morbo o la pena. Pero, ¿te apetecería relacionarte con ella? ¿Confiarías en una persona desaliñada e irritante? Un negocio que no vigila su aspecto (su logo, sus oficinas, los uniformes de sus empleados, su papelería corporativa, su packaging…) o que no cuida su modales (cómo se relaciona con los clientes, con los proveedores, con sus trabajadores, qué mensajes transmite, qué actitud demuestra…) es un negocio abocado al fracaso. Los negocios que triunfan no son negocios descuidados. Segundo truco del branding: cuídate.

Juega tus cartas

Sigo con las personificaciones, que para el caso son muy prácticas. No eres el más guapo de la fiesta. O sí. No importa. En todo caso, quieres conseguir la atención de esa otra persona. Quieres seducirle. Quieres agradarle (quieres venderle tus tuercas o tu mermelada). Si no eres el más guapo, no le entrarás con actitud de guapo. Y si lo eres, no la abordarás como si no lo fueras. Una marca funciona igual. Eso es el marketing. Si te promocionas como lo que no eres, tarde o temprano tu castillo de naipes de seducción se viene abajo. Tercer truco del branding: no pretendas ser lo que no eres. Los negocios que sobreviven nunca promueven lo que no son.

Siempre en movimiento

El principal argumento que esgrimen quienes creen que su empresa no necesita una estrategia de branding es: “a mí ya me van muy bien las cosas”. Pero en realidad quiere decir que “las cosas ya me parece bien como están”. Sin embargo, el mercado no está quieto. La competencia no está quieta. Los consumidores no están quietos. ¿Y tú sí vas a estar quieto? Si cuando fundaste tu empresa hubieras tenido la misma actitud, ¿dónde estarías ahora? El motor de las personas es progresar, avanzar, conseguir metas. Cuando una empresa empieza a pensar que ya no le quedan metas, que las cosas “ya me van muy bien”, que no hay espacio para conseguir más, crecer más o ser más fuerte, está dando el primer paso hacia el fracaso. Cuarto truco del branding: arriésgate a cambiar continuamente, porque tu entorno cambia continuamente.

No hay empresas pequeñas, solo visiones miopes.

Cuéntame, cuéntame

Finalmente, el feedback. Esencial para consolidar tu negocio. ¿Qué pensarías de alguien que solo habla de sí mismo y además se equivoca? Escuchar es clave. Este es el quinto y quizás más importante truco del branding. No se trata solo de hacer encuestas. Tampoco de creer en cualquier opinión que reafirme lo que tú ya crees sobre ti mismo. Evita la auto-complacencia. Puede que eso que no quieres escuchar sea la clave para consolidar tu marca. Porque una visión externa siempre aporta novedades.

¿Ya está?

No, no está. El branding no es la panacea. Del mismo modo que tu empresa no se sustenta únicamente en el departamento comercial, que tu negocio no se sostiene con la amabilidad de tus empleados o que tu producto no se vende solo por su sabor, el branding no es la salvación. Pero te ayudará a destacar en el mercado, a crecer y progresar, a mantenerte en el tiempo, a planificar tu futuro con coherencia y a renovarte para no morir. Y, por encima de todo, conseguirás vender más. Y vender mejor.

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