Rebranding: ¿Cambio, evolución o revolución?
Marco González

 

Rebranding: cambio, evolución o revolución

 

A lo largo de mi carrera profesional, siempre estuve del lado de las empresas. Siempre, aportando mi granito de arena desde el diseño y la creatividad. En casi tres décadas he tenido la oportunidad de conocer empresas y organizaciones de todos los tamaños, de diferentes culturas y países, en diferentes etapas embrionarias o estadios de crecimiento, por supuesto también aquellas a punto de sucumbir.

Estamos en un mundo super complejo donde la realidad no nos permite relajarnos y dejar de cuidar nuestro relato de marca, adaptarlas a las nuevas tecnologías, evolucionar junto con los nuevos hábitos de nuestro público ideal. En esta escenografía frenética, a menudo nos invaden las mismas preguntas: ¿Es el momento ideal para enfrentarnos a un rebranding? ¿Está nuestro público preparado para un cambio? ¿Cómo puedo modernizar mi visión sin renunciar al pasado? ¿Debo arreglar algo que no parece roto? ¿Cambio, evolución o revolución?

Desde la silla del “terapeuta de marcas” me enfrento diariamente a preocupaciones parecidas. Muchas veces me veo a mí mismo como Bill Murray en “El día de la marmota» (Groundhog Day). En el plano estratégico los problemas a solucionar suelen ser recurrentes, pero por suerte, las soluciones creativas son siempre diferentes.

Aquí os dejo mis reflexiones de cómo debemos afrontar un rebranding intentando aportar un poco de luz a un proceso complejo y enriquecedor a partes iguales y cómo salir airoso.

1. Coraje 

En branding hay que ser valientes. Vamos a dejar a un lado las medias tintas, las soluciones provisionales y las opiniones de los demás. Nuestro público nos huele.

2. Responsabilidad

Tener un buen branding no se delega al estudiante de prácticas o al jefe de ventas… No digo que no puedan tener cosas importantes que decir, a lo que me refiero es que los cargos importantes deben estar liderando a la cabeza del pelotón. Si esto no se puede dar, ya sabes que no estás preparado.

3. Elige bien a tu partner

Tanto si te encuentras en un relevo generacional como si es tu primera experiencia en mejorar tu branding, cuenta con una agencia que haya vivido esta experiencia en otras ocasiones. Es importante tener la capacidad para empatizar con el pasado pero también tener la madurez para asentar las nuevas bases que nos permitan crecer. 

4. El branding no es superficial 

Es un proceso que implica llenar de significado tu marca. Cada activo de tu marca ya sea el logo, los mensajes, el tono de voz o el comportamiento tienen responsabilidades diferentes que son claves en la partitura de nuestra obra magna. Aunque como diseñador me sienta sucio al decirlo, la marca la tenemos que concebir como una obra de arte; conceptualmente impoluta y visualmente sofisticada. Es una cebolla de muchas capas, una paella llena de sabores… Quizás se me esté yendo la olla con las metáforas pero es para que me entiendas. Bajo ningún concepto vamos a robarle el corazón a nuestro público con una pastilla de caldo instantáneo.

5. Tener claro que el momento ideal no existe

En realidad a mí me gusta ver la marca como una obra en construcción en la que estás permanentemente trabajando, mejorando, evolucionando … así como lo hacen tus productos o servicios o el territorio que ocupas. Tu público también evoluciona.

6. Persistencia

La única manera de tener una buena marca, más allá del presupuesto tiene que ver con ser disciplinado, consistente y tener los objetivos planificados. Priorizar y organizar el orden de las implementaciones. La planificación a corto, mediano y largo plazo para que todas las partes de la organización remen en la misma dirección. Invierte tiempo junto con tu agencia en crear un buen roadmap.

7. El branding no es un gasto

El branding es una inversión. En realidad tiene que ver más con el ahorro. Cuánto dinero le está costando a tu marca no tratar el branding como una prioridad. Una marca que ha sido dedicada y activa con su branding, rinde mejor en las acciones y campañas de marketing, luce mejor respecto a sus competidores, obtiene más conversión. Se mantiene relevante por más tiempo en su sector. Es recordada con más cariño. Joder.

8. Celebra lo que te hace diferente

Estudiar lo que están haciendo los demás está guay para evitar el mimetismo. Es importante para identificar qué territorios están libres y en cuales va a ser difícil entrar. Un buen branding no puede conseguir que tus productos o servicios sean los mejores, pero si consigue que seas diferente. Un proceso de rebranding es un proceso de autoconocimiento. Es necesario hacer una reflexión profunda de quien somos y cómo nos expresamos. No hay espacio para la improvisación y las prisas.  

9. Creatividad y estrategia van juntas

Analizar profundamente qué mensajes está lanzando nuestra marca: ¿Poseemos un relato elaborado? ¿Expresamos nuestra personalidad real? ¿Usamos un lenguaje verbal y visual comprensible?¿Tenemos identificado correctamente nuestro posicionamiento? ¿Metemos la misma chapa que nuestros competidores? 

10. Honestidad

Identificar bien si nuestro rebranding debe ser una evolución continuista o una transformación. Valorar desde la honestidad si el trabajo hecho en el pasado suma o confunde. Escuchar a nuestro público para entender qué percepción tienen de nosotros. Identificar en qué momentos nuestra marca ha despertado emociones o por lo contrario no ha convencido. Tener en cuenta si la estrategia del rebranding va a responder a consolidar y mantener a tu público existente o si bien, quiere atraer nuevos clientes.

Espero que esta especie de manifiesto te ayude a dar un empujón a tu marca. A que dediques tiempo a la salud de tu organización desde el branding y la estrategia creativa. A seguir teniendo curiosidad. A que mejores la cultura de marca de tu empresa.

Y ya sabes, si esto que he escrito te resuena, estaremos encantados de tomar un café con vosotros para ver de qué forma os podemos ayudar.