El ataque de las Words
Dani Ballesteros

No, no es el título de la última película de guerreros interestelares. Tampoco una nueva generación de virus informáticos. Pero sí es una plaga. Una tendencia que lleva locos a quienes, como yo, les gusta llamar las cosas por su nombre.

Al principio fue el video

name droping

Puede que todo empezara con aquel objeto que invadió nuestras casas en los 80. Ese aparatejo con el que se podía reproducir, grabar, pausar, rebobinar o adelantar una película. Lo traduzco para quien no se sienta identificado con estos términos: podías darle al pley, darle al rec, darle al pause, darle al regüin o darle al fowggrrn.

También se asentaron en el vocabulario colectivo otras palabras como football, basketball o baby boom; luego walkman, luego compact disc; más tarde casting, mailing, pendrive… Por no hablar de las que se barajan en el mundo de las marcas y del diseño gráfico. Ya las sabes. Son palabras que se han convertido en esenciales para comunicarse y ser comprendido. Vocabulario básico para la supervivencia.

Infestation

Como toda plaga, este fenómeno arranca con un pequeño foco de infección: nuestra casa. Y se expande hasta llegar a los rincones más recónditos de nuestro ámbito social. Al principio de mi vida laboral como diseñador gráfico, con mi inglés de primero de BUP (esta me la sé: Bachillerato Universal Polivalente), salía de las reuniones con miedo en el cuerpo. Tras escuchar palabras como deadline (¡¿línea de muerte?!) o brainstorming (¡¿tormenta de cerebros?!) me preguntaba dónde me había metido y si estaba a tiempo de escapar.

Luego descubrí que en mi profesión (my job) los anglicismos están por todas partes. ¿Sabéis el mito de que una ardilla podía recorrer la antigua península ibérica de norte a sur sin tocar el suelo? Una reunión de comunicación es algo parecido puesto que un marketing director o un brand manager es capaz de empezar y terminar dicha reunión sin usar una sola palabra en el idioma autóctono.

Economía lingüística

Además de los anglicismos estrictos, existen las siglas y los acrónimos. ASAP, CEO, TBC, AKA, DIY o RSVP.  ¿En serio no podemos decir “cuanto antes”, “jefe”, “por confirmar”, “también conocido como”, “hazlo tu mismo” o “confirma por favor”? ¿De verdad somos tan vagos y tenemos tanta prisa? Parece que sí.

Creo que esto se lo inventó alguien que se cansó de decir tantísimas palabras en inglés.

Learning

Y poco a poco, esta plaga te contagia a ti también. Se te mete en el cuerpo como Alien. Sin darte cuenta, piensas de forma diferente. Empiezas a entender la terminología que se maneja en las reuniones. Y en menos que canta un gallo (in less than a rooster sings o ILTARS) mandas correos del tipo “pásame por mail el briefing para ponerme ASAP con el benchmark y el moodboard y llegar al deadline. Please”. Ya has caído.

Finalmente, cuando crees estar ya muy metido, siempre aparece alguien más in que tú (o más millennial) y te suelta una nueva palabra moderna y actual (e inglesa, por supuesto). Entonces tendrás que levantar la mano como un tímido alumno interrumpiendo a su profesor para preguntar “Eso que acabas de decir… ¿qué significa?”. Significa que el mundo avanza y las words también.

Para despedirme quisiera citar a Ana Bel (nuestra directora de cuentas), visionaria de esta plaga y que ya años atrás la combatía cerrando sus correos y sus visitas con un HLL.

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