Me gusta, no me gusta. Me gusta, no me gusta. Me gusta…
Esteban Jacobo

De gustibus non est disputandum. “Sobre gustos no hay disputas” dice la cita. O “para gustos, los colores”, que viene a ser la misma cita en su versión actual. Aunque lo parezca, nuestro trabajo no va de gustos.

Debate

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¿Cuántas veces escuchamos “me gusta” o “no me gusta” en relación a nuestro trabajo? ¿Cuántas veces lo decimos sobre el trabajo ajeno? Y… ¿qué tan válida es esta valoración? Puedes decir que un café no te gusta, claro. Y si te dicen que es un café colombiano, orgánico, de grano de primera calidad, puro 100%, preparado por el barista con más experiencia del país, pues podrá seguir sin gustarte su sabor, pero entonces apreciarás que se trata de un buen café. Aunque no te guste.

Las opiniones son infinitas y pueden ser objetivas o subjetivas. Objetivas son cuando se tienen argumentos respaldados por un conocimiento sobre la materia. Subjetivas, cuando responden a sensaciones y gustos personales. Pero en diseño gráfico, las sensaciones y los gustos personales no se pueden considerar un criterio de valoración. Para valorar un diseño hay que tener en cuenta dos factores: la estética y la estrategia.

Argumentum

Algo estéticamente bello puede ser totalmente ineficaz si no cumple con unos objetivos. Es básico que la belleza estética responda a una estrategia. Y que esta sea sólida. Cuando compramos un producto por primera vez, es habitual que nos muevan pensamientos del tipo “¡Oh! ¡Qué bonito! Seguro que es bueno”. Entonces es importante que la experiencia de consumo esté a la altura. No podemos empacar un producto malo en un packaging bonito. O, en todo caso, no deberíamos hacerlo.

El objetivo esencial de cualquier diseño debería ser seducir al consumidor pero también comunicar los valores de la marca o del producto. Porque si no cumple las expectativas creadas, la experiencia de compra se convierte en frustrante. Puede que hayas ganado una venta, pero habrás perdido un consumidor (y para siempre). Los diseños que solo responden al gusto y no a la estrategia son fallidos, efímeros e ineficaces.

Bonito es

No es necesariamente premium, si eso es lo que estás pensando. Un buen diseño no tiene que ser siempre elegante o lujoso. Aquí es donde la estrategia cumple una función clave. Cada producto tiene su público y cada público tiene sus referencias de valor. El diseño debe responder a las necesidades del consumidor a través de los códigos que maneja su target, su motivación de compra o su estrategia comercial.

En el proceso creativo es fundamental conocer, pensar y hacer. En este orden. Es lo que nos permite contar las historias que los consumidores quieren escuchar. Un “me gusta” o un “no me gusta” sin argumentos es solo un antojo estético.

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