La gestión de color y la calibración del monitor

¡La gestión de color es el horror! Me atrevo a decir que la gran mayoría de profesionales que se dedican a crear y manipular imágenes no sabe qué significa o para qué sirve “eso”.

El encanto de las coartadas

Gestión de color son palabras fuera del lexicón de muchos. Y si lo pensamos bien, es un verdadero drama. A esto sumadle el uso de dos de las frases más manidas que existen en nuestra profesión. La primera: “no es mi responsabilidad”. La segunda, (la mejor de todas): “¡Yo tengo calibrado mi monitor!”. Ambas, especialmente esta segunda, se esgrimen cuando en un proyecto surgen problemas de correspondencia cromática entre el archivo digital y su copia impresa. Deliciosos argumentos. Excelsos… Mal.

Veo-veo

Una cosa es cierta, el A B C de la gestión de color en un entorno profesional pasa por tener el monitor correctamente calibrado. Pero, ¿sabemos qué implica y qué conseguimos con ello? Momento ideal para otra frase célebre. Esta surge habitualmente como respuesta a “¿Por qué has calibrado tu monitor?” La mayoría de veces la respuesta (y sin titubeos) es: “para que se vean bien los colores” ¡La risa! No, en serio, fuera bromas. ¿Qué significa “ver bien” los colores? ¿Ver bien? En realidad, técnicamente, tal afirmación no tiene ningún sentido.

Mandíbulas desencajadas

Al lío. Supongamos que tenemos una imagen de un único valor cromático, el presunto rojo Pantone 185C de Coca-Cola, por ejemplo. Imaginemos también que esta imagen la visualizamos en dos dispositivos iMac, uno con pantalla Retina y otro normal. Por supuesto, los dos monitores están calibrados. Pero, ¡oh!, estás viendo dos rojos distintos. Y eso que el P185C no es un color muy vivo y, por ende, es poco conflictivo. Si llego a proponer un rojo 100% saturado (RGB 255/0/0) la diferencia sería de auténtica verbena. Entonces, insisto, ¿qué significa “ver bien” los colores?

 

Un mismo P185C puede ser dos rojos en dos monitores distintos.

La cruda realidad

Calibrar un monitor (o cualquier otro dispositivo) sólo significa obtener de éste su capacidad de reproducción cromática en relación a una condición impuesta: un punto de partida acordado como estándar y habitualmente establecido por normativa con el pretexto que todos los dispositivos de esa misma familia adquieran una respuesta similar o lo más parecida e idónea posible. Solo así podemos “hablar un mismo idioma” que nos permita saber qué sucede con nuestra imagen, en términos cromáticos, a lo largo de su flujo de trabajo. Y más importante, nos permite prever soluciones a desajustes y diferencias entre dispositivos.

Debemos ser muy conscientes que un dispositivo, ya sea por arquitectura, tipo de mezcla cromática (aditiva o sustractiva) o por el propio desgaste de uso, entre otros factores, reproducirá fielmente -que no “bien”- aquellos colores que pueda. Es decir, los que formen parte de su gama cromática (o espacio de color). El resto de colores no existen para el dispositivo, por lo que el sistema mostrará los valores que a priori más se parecen al solicitado y que sí es capaz de representar.

La cruda realidad es que, por mucho que calibremos nuestro monitor, si éste no puede interpretar un color concreto, ya podemos rezar a Santa Rita o amenazarlo con que esta noche se va a quedar sin postre. Y sin embargo, el color que veremos seguirá sin ser el que contiene la imagen.

Soluciones quiero

Lo cierto es que no existen. Somos dependientes de la actualidad tecnológica para cada uno de los dispositivos que intervienen en nuestro flujo de trabajo. Por tanto, de ellos y de su capacidad de reproducción cromática depende que nuestras imágenes puedan sufrir alteraciones de color a lo largo del proceso.

Pero una cosa sí es muy cierta. De hecho, dos:

1.- ¡Debemos calibrar nuestros dispositivos! No para que estos “vean” o interpreten “bien” los colores sino para que nosotros podamos conocer qué son capaces de representar y también cuáles son sus limitaciones.

2.- Con ese conocimiento, actuar en consecuencia. Por un lado, trabajar con los espacios de color más adecuados para cada proyecto pensando en los resultados que pretendemos obtener. Por otro, adquirir el hábito de realizar tantas pruebas de simulación de los dispositivos de destino como sea necesario para saber cómo responderán nuestras imágenes frente a posibles adversidades.

¿Que cómo se hace todo esto? Lo cierto es que he superado con creces el límite de palabras por artículo que se me permite. Vamos, un “Continuará…” en toda regla.

1 comment

  • Glòria Fernàndez

    Hay que releerlo 2 veces!

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